A man kneels on books to protect the earth beneath him, Wild Flowers under one knee and Dragonflies under the other. The books are stores of information and cushions of cellulose paper pulp, made from wood and grasses like the ones he’s exploring. He is a member of the Elmbridge Natural History Society, the subject of British-Argentinian filmmaker Jessica Sarah Rinland’s Black Pond (2018). The film follows the society observing bats, moths, measuring trees, and surveying fungi. Kneeling on the books, the man embodies something that all Rinland’s films do. They combine physicality with bookishness; they are both sensual and cleverly thought-out. Shot on 16mm—another type of celluloid—their very material is a coalescence of nature and science.

Combining elements of documentary, fictional narrative, artist installation and essay film, Rinland’s cinematic vocabulary is varied. A film that nods to Stan Brakhage’s The Act of Seeing with One’s Own Eyes (1971), Necropsy of a Harbour Porpoise (Seeing From Our Eyes Into Theirs) (2015) documents a porpoise being dissected. Watching is both visceral and thought-provoking: this is an animal, this is industry, this is flesh like or unlike my own. In Expression of the Sightless (2016) a blind man explores a sculpture with his hands, reminding us that we learn with our bodies as much as our minds.

Gardens and museums appear in Rinland’s work as heterotopic spaces where species or cultures meet. Entanglements of people, animals, history, scientific knowledge and myth transform spaces into places. Anthropologist Tim Ingold describes place as a ‘meshwork’ of different energies and interests; Black Pond exemplifies this. Common land like Elmbridge was once occupied by The Diggers, a 17th century radical group whose campaigns to reform social order anticipated modern anarchism. Black Pond inflects The Diggers’ questions with a contemporary concern with the Anthropocene and technology. What is it to share land? Rinland asks, and to share it with flora and fauna, with planes flying into Heathrow overhead, and with traces of The Diggers who hoped to establish ‘a common treasury of livelihood.’ The ‘common treasury’ present throughout Rinland’s work is like Bruno Latour’s ‘parliament of things:’ a chorus of animal, vegetable and mineral constituents.

Rinland is fascinated by hands-on applications of science, and how they vary between disciplines. A project currently in development, Those That, at a Distance, Resemble Another, is made in collaboration with museum conservators, scientists, ceramicists and archaeologists in the UK, USA and South America. During the course of the film, different hands, chisels, machines and knowledge systems are seen at work, and a replica ceramic elephant tusk is made. The museum is presented on one hand as common land where people share knowledge, and on the other, as a territory that different disciplines contest. In playing with time by reproducing a seemingly old artefact, the film winks at the cinema’s own temporal legerdemain and material fabrications. The natural history museum, like cinema, is shown to be as fabulous as it is real.

Fable and humour are never far from Rinland’s films, and curiosity drives them to surreal places. Nulepsy (2011) is an 8-minute portrait of a man’s pathological need to be nude. Beginning from seemingly simple questions (‘what would life be like without clothes?’), Rinland unravels myriad social and historical threads. ‘How does the world look from a tree top?’ generates Not As Old As The Trees (2014), a portrait of an octogenarian who spends his spare time climbing trees. ‘What is a whale?’ is the focus of We Account the Whale Immortal (2016), a tripartite film projection whose images and spoken narration weave myth, history, scientific inquiry and art. Images frequently contradict verbal information, playfully undermining any single claim to truth; Rinland’s narrators are as unreliable as they are well spoken.

In a 2016 commission for Channel 4, The Flight of an Ostrich (Schools Interior), a shy eight-year-old girl watches a wildlife video which informs her that the ostrich is incapable of doing the one thing birds are known for—they cannot fly. An animal analogue for spreading one’s wings, the ostrich—like the girl—eventually triumphs. The girl’s resolve recalls another young scientist, the botanical prodigy in Adeline For Leaves (2014)—and, perhaps, Rinland herself. With insatiable inquisitiveness, her films soar above convention.    


Un hombre se arrodilla sobre libros para proteger la tierra que hay debajo de él, Wild Flowers bajo una rodilla y Dragonflies bajo la otra. Los libros son almacenes de información y cojines de pulpa de papel de celulosa, hechos de madera y hierbas como las que está explorando. Es un miembro de la Sociedad de la Historia Natural de Elmbridge, el sujeto de Black Pond (2018) de la cineasta anglo-argentina Jessica Sarah Rinland. La película sigue a la sociedad observando polillas, midiendo árboles y estudiando hongos. Arrodillado sobre los libros, el hombre representa algo que representan todas las películas de Rinland. Combinan lo físico con los libros, ambos son sensuales y están inteligentemente pensados. Grabado en 16 mm, otro tipo de celuloide, su material es una coalescencia de naturaleza y ciencia.

Al combinar elementos del documental, la narrativa de ficción, de las instalaciones artísticas y de la película ensayo, el vocabulario cinemático de Rinland es variado. Una película que hace un guiño a El acto de ver con los propios ojos (1971), de Stan Brakhage, Necropsia de una marsopa común (Viendo desde nuestros ojos a los de ellos) (2015), documenta una marsopa siendo disecada. Su visionado es a la vez visceral y sugerente: es un animal, es industria, es carne igual o diferente a la mía. En La expresión del ciego (2016), un hombre ciego explora una escultura con sus manos, recordándonos que aprendemos con nuestros cuerpos tanto como con nuestras mentes.

Jardines y museos aparecen en la obra de Rinland como espacios heterotópicos en el que coinciden especies o culturas. Enredos enmarañados de personas, animales, historia, conocimiento científicos y mitos transforman espacios en lugares. El antropólogo Tim Ingold describe lugar como una “red” de energías e intereses diferentes; Black Pond ejemplifica esto. Unas tierras comunales como las de Elmbridge una vez estuvieron ocupadas por los Cavadores, un grupo radical del siglo XVII cuyas campañas para reformar el orden social anticipaban el anarquismo moderno. Black Pond declina las cuestiones de los Cavadores con una preocupación contemporánea por el Antropoceno y la tecnología. ¿Qué es compartir la tierra? Pregunta Rinland, y compartirla con la flora y la fauna, con aviones volando por encima hacia Heathrow, y con restos de los Cavadores, quienes deseaban establecer “un tesoro común para el sustento”. El “tesoro común” presente en la obra es Rinland es como el “parlamento de cosas” de Bruno Latour: un coro de constituyentes animales, vegetales y minerales.

A Rinland le fascinan las aplicaciones prácticas de la ciencia, y cómo estas varían entre disciplinas. Un proyecto actualmente en desarrollo, Those that, at a Distance, Resemble Another, que está siendo hecho en colaboración con conservadores de museos, científicos, ceramistas y arqueólogos del Reino Unido, EE.UU. y América del sur. Durante el curso de la película son vistos trabajando manos, cinceles, máquinas y sistemas de conocimiento diferentes, y se crea una réplica de cerámica de un colmillo de elefante. El museo se presenta por un lado como un territorio común en el que la gente comparte el conocimiento, y por el otro, como un territorio en el que compiten disciplinas diferentes. Jugando con el tiempo reproduciendo un artefacto aparentemente antiguo, la película hace un guiño la prestidigitación y a las fabricaciones materiales propias del cine. El museo de historia natural, al igual que el cine, se muestra de una forma tan fabulosa como real.

La fábula y el humor nunca están lejos de las películas de Rinland, y la curiosidad las convierte en lugares irreales. Nulepsy (2011) es un retrato de 8 minutos de la necesidad patológica de un hombre de estar desnudo. Empezando a partir de preguntas aparentemente sencillas (“¿Cómo sería la vida sin ropa?”), Rinland desenreda infinitos hilos sociales e históricos: “¿Qué aspecto tiene el mundo desde la copa de un árbol?” genera No tan viejo como los árboles (2014), un retrato de un octogenario que pasa su tiempo libre subiéndose a árboles. “¿Qué es una ballena?” es el punto central de We Account the Whale Inmortal (2016), una película proyectada en tres partes cuyas imágenes y narración oral entretejen mito, historia, investigación científica y arte. Las imágenes contradicen frecuentemente a la información verbal, socavando juguetonamente cualquier verdad; los narradores de Rinland son tan poco fiables como elocuentes.

En un encargo para Channel 4 de 2016, El vuelo de una avestruz (Interior de la escuela), una niña tímida de 8 años ve un vídeo de naturaleza que la informa de que el avestruz es incapaz de hacer lo que hace tan famosos a los pájaros: no puede volar. Un animal análogo para extender las alas de uno, el avestruz, al igual que la chica, finalmente triunfa. La determinación de la niña trae a la mente a otra científica joven, el prodigio de la botánica de Adeline for Leaves (2014), y tal vez, a la propia Rinland. Con una curiosidad insaciable, sus películas están muy por encima de lo convencional.

by Becca Voelcker